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4 de noviembre de 2012

AQUEL VIEJO RELOJ (Episodio trece)

Después de estar unos diez minutos bailando al son de aquellos acordes por ella misma prohibidos, que siempre transporto en su memoria, Aurora, carente de aire que respirar, dijo a su hija con tenue voz, hija mía, estoy exhausta y hace veinticinco años por mi culpa mal herida, tras lo cual se sentó en la cama y se desplomo una lagrima, intensa y continua por su rostro. Laila al verla, se acerco y con un gran abrazo se fundió con su madre evaporando en leves instantes aquel río de culpa que brotaba de los ojos de Aurora, y tras eso de nuevo el silencio y tras el silencio de nuevo Aurora, se alzo con aire renovado de la estrecha cama, cogió a su hija de la mano y dijo, acompáñame que tengo que hacerme una prueba, sin mas dilación salieron ambas al pasillo, una hija y su bailarina madre, caminaron hasta las escaleras, subieron al segundo piso, observadas por enfermeras y algún que otro paciente que sonreía al ver la vestimenta de Aurora,  recorrieron los pasillos hasta la habitación numero ciento trece, Laila entonces retuvo a su madre en la puerta antes de abrirla y pregunto, ¿sabes quien se encuentra en esta habitación? a lo que ella respondió, tan bien como tu, el doctor Nieto me lo dijo, también me ha dicho que tu lo has estado visitando, y que quizás sin saberlo o tal vez sabiéndolo muy bien nos has echo coincidir aquí. Después de esas palabras, giro la maneta de la puerta y abriendo, contemplo la sorpresa de Eloy, que quedo boquiabierto ante las dos mujeres que marcaron su vida, y antes que aquel relojero acertase a decir palabra alguna, Aurora volvió a bailar en su presencia, mientras Laila se sentaba junto a su padre, el cual no daba crédito a sus ojos. Apenas habían pasado dos minutos, Eloy con voz potente dijo a la que siempre fue dueña de su tictac ¡para! mientras se levantaba de la cómoda silla donde se encontraba, se acerco a Aurora y cogiéndola por la cintura, la acompaño en aquel baile de canciones que siempre habían escuchado, de pasiones que hace tiempo tuvieron la destreza de sentir, de acordes prohibidos solo tocados para amar y vivir, aquellos que en el reloj de la vida, nunca creyeron volver a compartir.
Por Ismael Gimeno

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